"Francisco ha querido hacer de esta reunión de obispos su Concilio Vaticano II" Sinodalidad interrupta: la resignificación como resistencia al cambio eclesial

"Que todos los fieles participen en un proceso de redefinición de la misma Iglesia. No solo serán los obispos y cardenales, ni siquiera solo los teólogos o teólogas, seremos todos y todas"

"Tal y como está diseñado expresa dos preocupaciones: la primera es que no llegue al Papa solo lo que el sínodo definitivo acuerde, sino que la fase preliminar que se desarrolla a partir de la consulta al pueblo creyente en las diócesis genere su propio Instrumentum laboris. De esta manera, el Papa contará con un documento no filtrado o menos filtrado. Y la segunda es que se integre en el ser de la Iglesia, como proceso, la consulta constante al pueblo creyente"

"El verdadero problema para vivir la sinodalidad está en el mal hábito adquirido por los clérigos y por los fieles. Este mal hábito nos lleva a unos a la indolencia y a otros al autoritarismo"

"El giro copernicano no fue sino poner las cosas en su sitio. O como el Papa gustar decir, invertir la tradicional pirámide: la jerarquía está abajo y el pueblo arriba"

"Muchos prelados no entienden el término como un caminar juntos todos en la Iglesia con la mirada puesta en el Reino de Dios, antes bien, ya lo han resignificado"

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El Papa Francisco ha puesto a la Iglesia en pleno en camino sinodal hasta 2023. El proceso que debería llevar a la Iglesia hacia una nueva visión de sí misma durará dos años a partir de octubre de este 2021 y pondrá en acción algo inaudito en el mundo eclesial: que todos los fieles participen en un proceso de redefinición de la misma Iglesia. No solo serán los obispos y cardenales, ni siquiera solo los teólogos o teólogas, seremos todos y todas. Algo similar ya se hizo con el sínodo que dio origen al documento Amoris Laetitia. Quiso entonces Francisco que se consultara a todo el pueblo y se llevaran esas consultas hasta el mismo sínodo. Pero, sea por falta de costumbre, sea porque las consultas no se hicieron, parece que el sentir del pueblo fiel se vio poco reflejado en el documento final. El peso de los prelados es tan grande que de poco sirve un proceso de consultas que al final no es vinculante. Cuesta pensar que lo que podemos leer en el documento final del Sínodo extraordinario sobre la familia exprese el modo en que la mayoría de los fieles vive hoy la experiencia del amor, la sexualidad y las relaciones de pareja.

La XVI Asamblea general del Sínodo de obispos lleva por título «Por una Iglesia sinodal: Comunión, Participación y Misión». Estaba previsto para 2022, pero Francisco ha querido hacer de esta reunión de obispos su Concilio Vaticano III, el que estamos  necesitando para poner a la Iglesia en el camino de la Tradición que nunca debió abandonar, el de la verdadera sinodalidad. Tal y como está estructurado este proceso por el propio Papa, su valor será muy superior al de un mero Concilio, pues, cuando los obispos se reúnan en 2023 se habrá recorrido un camino sinodal en sí mismo.

Entre octubre de este año y abril de 2022, será consultada la Iglesia entera por medio de las diócesis. Se remitirán cuestionarios para que todo fiel pueda cumplimentarlo. Este proceso concluirá con un documento elaborado por las Conferencias episcopales que tendrán una reunión por continentes a finales de 2022. El Papa pide expresamente que tras esto se consulte también a la sociedad civil, que se integren sus propuestas, de modo que no sea solo una cuestión interna de la Iglesia católica. Al final, el sínodo de obispos emitirá otro documento. Con los dos documentos (Instrumentum laboris), el Papa elaborará la Exhortación Apostólica Postsinodal que deberá ser la carta fundacional de la Iglesia sinodal del tercer milenio.

Tal y como está diseñado expresa dos preocupaciones: la primera es que no llegue al Papa solo lo que el sínodo definitivo acuerde, sino que la fase preliminar que se desarrolla a partir de la consulta al pueblo creyente en las diócesis genere su propio Instrumentum laboris. De esta manera, el Papa contará con un documento no filtrado o menos filtrado. Y la segunda es que se integre en el ser de la Iglesia, como proceso, la consulta constante al pueblo creyente. Estas dos preocupaciones están justificadas, viendo lo que sucedió con el sínodo de la familia. Pero, hay más todavía, porque el verdadero problema para vivir la sinodalidad está en el mal hábito adquirido por los clérigos y por los fieles. Este mal hábito nos lleva a unos a la indolencia y a otros al autoritarismo. El ordeno y mando es una tentación muy extendida entre el clero; «que lo haga el cura» es la tentación del pueblo fiel. En este mal hábito, la mayor responsabilidad recae en el clericalismo machaconamente instalada en la vida de la Iglesia, que lleva a no poder generar dinámicas distintas si no es a costa de grandes esfuerzos. El Papa Francisco se lo ha propuesto, pero me temo que va a chocar con la inercia de muchos siglos de clericalismo.

Clericalismo
Clericalismo

Cuando Lumen Gentium dio lo que se vino a llamar «el giro copernicano de la Iglesia», muchos no entendieron de qué se trataba. Si leemos el documento vemos cómo los tres primeros capítulos determinan el ser eclesial: cap. 1 El misterio de Dios; cap. 2 El pueblo de Dios; cap.3 Constitución jerárquica de la Iglesia. Dios es el origen y fundamento de la Iglesia, la Iglesia es el pueblo de Dios, la jerarquía sirve al pueblo de Dios y así sirve a Dios. Esta estructura no estaba en el primer borrador, sino que el primer borrador ponía a la jerarquía por delante del pueblo, dicho de otro modo, ponía los bueyes detrás del carro. El giro copernicano no fue sino poner las cosas en su sitio. O como el Papa gustar decir, invertir la tradicional pirámide: la jerarquía está abajo y el pueblo arriba.

El Concilio Vaticano II quiso dar a la Iglesia otra imagen. Sin utilizar el término en sus documentos, a partir del Concilio se habló de la Iglesia como comunión. El término comunión tuvo éxito porque permitía integrar la Tradición, el magisterio y el pueblo fiel. La Iglesia es una comunión que tiene en el Espíritu Santo su punto de apoyo fundamental. La Iglesia es, a imagen de la Trinidad, una vida en comunión, nos dice la Comisión Teológica Internacional. Pero, veinte años después del Concilio, en el Sínodo extraordinario de obispos de 1985 se intentó que el término comunión fuera la esencia de la propuesta del Concilio para la Iglesia, con un resultado decepcionante, pues de ahí lo que surgió fue más bien una resignificación del término, antes que una redefinición de la Iglesia. Para los obispos, comunión se ciñe a las relaciones entre los distintos cuerpos eclesiales clericales: Papa, conferencias episcopales, obispos, sacerdotes o teólogos. Su preocupación está cifrada en la colegialidad y la corresponsabilidad, clericales, por supuesto. Al final, sí hablan de los laicos para realzar su «espíritu de disponibilidad» y de las mujeres para que puedan «expresar su servicio a la Iglesia según sus propios dones». Hasta aquí la comunión en la Iglesia. Puede verse nítidamente que la comunión no significa la igualdad que el Concilio pretendió. Lo que se hizo fue trasmutar la comunión en una mera y simple sumisión jerárquica, de ahí que el término «comunión jerárquica», más allá de lo que pretendía Pie-Ninot, defina muy bien esta resignificación del término.

En el sínodo que va a dar comienzo sobre la sinodalidad bien podría suceder algo similar. Ya podemos contemplar cómo muchos prelados no entienden el término como un caminar juntos todos en la Iglesia con la mirada puesta en el Reino de Dios, antes bien, ya lo han resignificado. Para algunos, sinodalidad significa que el obispo no lo puede hacer todo y que, por tanto, necesita de la ayuda de los demás. En primero lugar del clero, pero como su número desciende alarmantemente, necesitará también del «espíritu de disponibilidad» de los laicos, aunque sea mediante remuneración justa, y de «los dones propios de las mujeres», que es otra forma de decir que las mujeres valen para trabajar, pero no para gobernar.

La sinodalidad requiere de cambios profundos en la Iglesia. En primer lugar estructurales, de lo que se están encargando Francisco, pero más importantes son los cambios de mentalidades. Porque aquí sirve aquello de Nicodemo: «¿acaso deberé volver al seno materno y nacer de nuevo?».

Sinodalidad
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