El teólogo español forma parte de la comisión para estudiar el diaconado femenino Santiago del Cura : "La mayoría de católicos, empezando por el Papa, apoya reconocer el papel de la mujer"

Santiago del Cura Elena, teólogo y miembro de la comisión creada para estudiar el diaconado femenino
Santiago del Cura Elena, teólogo y miembro de la comisión creada para estudiar el diaconado femenino

El teólogo admite que el reconocimiento del papel de las mujeres "es una tarea pendiente"

Afirma que la existencia de diaconisas es un "hecho histórico incuestionable, que tuvo una recepción eclesial durante bastantes siglos en el cristianismo"

No obstante, explica que "su conocimiento sigue siendo en parte fragmentario". Tampoco puede aclarar por qué desaparecieron las diaconisas a partir del siglo VII

El sacerdote español Santiago del Cura Elena, miembro de la segunda comisión de estudio creada por el Papa para estudiar la figura de las diaconisas en la Iglesia, admite que el reconocimiento del papel de las mujeres "es una tarea pendiente" y asegura que a favor de ello están la mayoría de católicos, empezando por el Papa.

"Se ha de admitir que el reconocimiento público y eclesial, en plano de igualdad, del papel de las mujeres en la iglesia sigue siendo una tarea pendiente. A favor de cuyo reconocimiento están la inmensa mayoría de los católicos, empezando por el papa Francisco. Y yo creo que las posibilidades son muchas ya hoy y que serán mayores en el futuro", ha manifestado en una entrevista con Europa Press.

Sobre el reconocimiento del diaconado femenino, del Cura precisa que no se pretende restaurar para hoy un ministerio de anticuariado, ya que cualquier mujer sin ordenación alguna puede realizar y realiza hoy en la iglesia más tareas y funciones que una diaconisa de los siglos antiguos. "El recurso puede servir de inspiración para recrear hoy día ministerios eclesiales de la mujer que confirmen su reconocimiento en plano de igualdad, no de sometimiento o subordinación", ha manifestado.

Además, para el teólogo burgalés no es correcto plantearlo en términos de derechos, pues tampoco vale para el caso de los ministerios ordenados masculinos porque "nadie, tampoco ningún varón, tiene derecho a tales ministerios".

Según explica, el principal escollo en los debates sobre la posibilidad de recuperar el diaconado para las mujeres es si para ello deberían ser ordenadas como un sacramento reservado hasta ahora sólo a los hombres ya que el código de Derecho Canónico no contempla la ordenación femenina.

"Hay que ver si el ministerio diaconal femenino se acaba reconociendo como parte integrante del sacramento del orden, en el mismo plano que el diaconado masculino; o si debería comprenderse como un ministerio no sacramental, aunque sin duda de relevancia eclesial y corroborado con una bendición semejante a la que hoy día tiene lugar en el caso de abadesas de monasterios -señala-. Usando términos más técnicos del lenguaje teológico-canónico, si el diaconado femenino debería comprenderse como un 'sacramento' en sentido estricto o más bien como un 'sacramental'. Y en esta interpretación es donde nos hallamos lejos de unanimidad entre los diversos estudiosos del cristianismo, ya que hay partidarios tanto de una valoración como de otra".

En todo caso, el teólogo español, experto en la reflexión teológica sobre el ministerio diaconal, afirma que la existencia de diaconisas es un "hecho histórico incuestionable, que tuvo una recepción eclesial durante bastantes siglos en el cristianismo". No obstante, explica que "su conocimiento sigue siendo en parte fragmentario".

Sobre la función que desempeñaban estas mujeres devotas en los primeros siglos de la Iglesia, comenta las tareas asignadas en el conjunto de las diversas tradiciones muy variadas, según épocas, iglesias y contextos: asistir a mujeres durante la celebración del bautismo, especialmente en la unción del cuerpo con el óleo consagrado (en el caso de mujeres adultas); instruir en el ámbito de la formación cristiana; estar disponibles para atender a las mujeres enfermas; preocuparse y atender de modo particular a los pobres; asumir una condición similar al de mujeres en el orden de las viudas; o asumir la responsabilidad de monasterios femeninos.

"Es decir, sus tareas fueron a lo largo de la historia bastante diversificadas, sin que puedan reducirse a una función única", especifica.

Este profesor de la Facultad de Teología del Norte de España -Sede de Burgos-, que formó parte de la Comisión Teológica Internacional y fue redactor del documento 'El diaconado: Evolución y perspectivas', no puede aclarar por qué desaparecieron las diaconisas a partir del siglo VII.

"Aquí nos encontramos con una laguna en la investigación histórica, que afecta igualmente a la figura del diaconado masculino permanente. Por lo que a este último se refiere, después de haber conocido un gran éxito y una influencia muy notable en la vida eclesial se inicia un período de decadencia, que terminará haciendo del diaconado una mera etapa transitoria hacia el presbiterado", explica.

En el Sínodo de la Amazonia, el diaconado de las mujeres y la propuesta de los nuevos ministerios para las mujeres fueron centrales. Sin embargo, en la exhortación final 'Querida Amazonia', el Papa se apoyó en San Juan Pablo II para zanjar que el carácter exclusivo recibido en el Orden, capacita solo al sacerdote a presidir la Eucaristía.

Del mismo modo, Francisco considera que ordenar a mujeres diaconisas orientaría a clericalizarlas, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable. En todo caso, ha impulsado la creación de esta nueva comisión, que todavía no ha comenzado a reunirse debido a la pandemia para estudiar el diaconado femenino.

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