Domingo 13 09 09. ¡Apártate del mí, Satanás! Fracaso y tarea de Pedro según Marcos


Texto Mc 8, 31- 35
(a) 31 Y empezó a enseñarles que el Hijo del humano debía padecer mucho, que sería rechazado por los presbíteros, los sumos sacerdotes y escribas; que lo matarían, y a los tres días resucitaría. 32 Les hablaba con toda claridad.
(b) Entonces Pedro lo tomó aparte y se puso a increparlo. 33 Pero él se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:
-- Apártate de mí, Satanás!porque no piensas las cosas de Dios, sino las de los humanos.
(c) 34 Y convocando a la gente con sus discípulos les dijo:
-- Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. 35 Porque el que quiera salvar su alma, la perderá, pero el que pierda su alma por mí y por el evangelio, la salvará.
COMENTARIO DEL TEXTO
1. Sentido básico
La escena tiene tres momentos:
-- a: Revelación (8, 31-32a). Jesús asume el título de Cristo, que le ofrece Pedro, pero lo interpreta ese título (Cristo) desde la perspectiva de Hijo del humano,que debe dar su vida por los demás. El verdadero Cristo no es aquel que triunfa sobre los demás, sino el que puede y quiere dar su vida por ellos.
-- b: Corrección de Pedro y respuesta corrección de Jesús (8, 32b-33). Pedro increpa a Jesús, exigiéndole que cambie de postura; desea construir la iglesia mesiánica en claves de poder, sin morir o dar la vida. Jesús le rechaza (o le dice que le siga en el camino de la entraga) llamándole Satán (Tentador). Al principio le había invitado 1sígueme! (deute opisô mou: 1, 17); ahora le increpa: (apártate! (hypage opisô mou: 8, 33), en palabra de condena, pero sin expulsarle del grupo.
-- a': Revelación más honda (8, 34-35) Jesús confirma su palabra, ampliándola hacia todos (pueblo y discípulos) a través de una nueva llamada al seguimiento. La comunidad de Jesús, la nueva iglesia, está formada por aquellos que hagan suyo el camino de entrega del Hijo del humano.
1.- Revelación: el Hijo del hombre (8, 31-32a)
Pedro ha dicho a Jesús: Tú eres el Cristo. Se lo ha dicho desde una perspectiva de búsqueda de poder, de triunfo social y religioso...
Jesús le responde diciendo que sólo es "Cristo" (que sólo puede ofrecer algo a los demás, de parte de Dios) el que sabe morir por ellos. Ha creado comunión, dando voz a los mudos, pan a los hambrientos, salud a los enfermos, pero los jerarcas religiosos y sociales de su pueblo le juzgan peligroso y en nombre de su ley social van a matarle. Ese es el descubrimiento de Jesús... Esa es su tarea (morir por los demás) y así la acepta, sabiendo que al final de ese camino se halla Dios: ¡al tercer día resucitará!.La fe en el Dios de vida (cf. 12, 27) le mantiene en el fracaso, en esperanza de reino.
Para hacerse solidario de los hombres (especialmente los pobres, enfermos, marginados y hambrientos), Jesús ha renunciado a toda forma de violencia o lucha externa. No puede imponer su proyecto por la fuerza, ni emplear en su favor las armas de la guerra u opresión humana, pues ellas las controlan los ancianos, escribas y sacerdotes de Jerusalén, vinculados al poder de Roma.
Es claro que en este enfrentamiento desigual Jesús se encuentra derrotado de antemano. A pesar de ello (precisamente por ello) se mantiene, para que actúe Dios a través de su derrota, ratificando su entrega en favor de los humanos.
Jesús acepta ese destino, descubriendo que la obra de Dios se realiza a través de su muerte. Así lo sabe y declara en el momento central de su vida. No lo ha rechazado, no se ha revelado. Él acepta las implicaciones de su obra, iniciando implícitamente un ascenso de muerte y pascua que le lleva a Jerusalén (lugar del sanedrín).
Todo su camino posterior será expansión de estas palabras, crónica y despliegue de una muerte anunciada en esperanza de resurrección.
La muerte está anunciada. No vendrá al final, como por casualidad. No es accidente inesperado que trunca la carrera victoriosa de un mesías triunfador. No es tragedia contra la que debe elevarse angustiado el profeta del reino. No es tampoco comedia, representación teatral que hace Jesús, sabiendo de antemano lo que debe suceder, sin implicarse de verdad en ello, como si sólo le afectara externamente, en actitud de docetismo (sufre el cuerpo, el alma no padece, está ya en gloria).
Este camino de muerte anunciada recibe el nombre de evangelio (cf. 8,35), buena nueva de aquel que se ha dejado matar para que triunfe su mensaje de casa, pan y palabra (iglesia universal). Jesús lo asume y recorre porque cree en el amor y porque ama a los más pobres de un modo concreto, ofreciéndoles espacio de solidaridad y no violencia, de entrega personal, en medio de la fuerte violencia y egoismo de la tierra. De esta forma, haciéndose Hijo del humano por la entrega de la vida, Jesús es de verdad (mi Hijo querido! (cf. 1, 9-11).
2.- Corrección de Pedro, corrección de Jesús (8, 32b-33).
Simón es el discípulo primero (cf. Mc 14, 29; 16, 7), a quien el mismo Jesús ha llamado Pedro (= Petros, el Piedra, fundamento de su comunidad mesiánica: cf. 3, 16). Pues bien, como escogido de Jesús, él se atreve a increparle, rechazando su forma de entender el mesianismo (8, 32b). No es un criado, un servidor sin pensamiento. Jesús le llamó para encargarle la pesca escatológica (1, 16-20) y después le ha ofrecido la tarea de anunciar la conversión y expulsar a los demonios (cf. 3, 13-19; 6, 6-12). Es normal que piense y diga lo que piensa, corrigiendo a Jesús y ofreciéndole su propia visión del mesianismo. Jesús es maestro, pero no dictador.
Ha pedido su opinión (¿quién decís que soy?). Pedro responde: tiene derecho a corregirle, trayéndole al camino del triunfo mesiánico, utilizando así buenas razones que le ofrece la Escritura y tradición israelita. No podemos suponer que es un cobarde, un incrédulo egoísta o simplemente alguien que busca sólo el triunfo externo. Tiene su razón al corregir a Jesús.
Pedro representa un tipo de buen mesianismo israelita... y de la iglesia posterior, que quiere el triunfo externo de Israel y de la misma iglesia.
Por eso es normal que Pedro rechace el camino de sufrimiento y fracaso que Jesús acaba de exponer al presentarse como Hijo del humano. No es extraño que se enfrente a Jesús. Lo extraño hubiera sido que no lo hiciera, que aceptara que el mesías debe ser condenado precisamente por los sanedritas de la ley sagrada.
Como representante de un tipo de tradición israelita (la del mesías que triunfa, la del sanedrín que siempre es bueno), Pedro se cree obligado a corregir a Jesús, dándole una lección de mesianismo y cordura israelita y humana. Pero Jesús mantiene su proyecto y le corrige: (apártate de mí, Satanás! (8,33):
--Pedro defiende un tipo de política humana, propia del Sanedrín, cuyos sacerdotes y asociados (escribas y presbíteros) se oponen a la voluntad de Dios: buscan su provecho, sólo enseñan doctrinas humanas (cf. 7, 7). El mismo templo aparecerá al fin en Mc como cueva de bandidos (cf. 11, 18); en la línea de esa cueva antidivina se sitúa Pedro.
-- Las cosas de Dios definen, en cambio, la conducta de Jesús, vinculada a su entrega de la vida en favor de la familia, pan y palabra universal que ofrece como fundamento de comunidad a los humanos, conforme a 11, 18: Dios quiere que su templo sea casa de oración para todos los pueblos, lugar de encuentro y unión comunitaria para todos los vivientes.
Como antagonista de Jesús dentro de su grupo, Pedro representa los principios poderes de una historia que se construye siguiendo principios de prudencia humana, lo mismo que los miembros del Sanedrín. Esta es la ironía: Jesús sigue manteniendo a su lado a Pedro y a los Doce aunque no acepten ni compartan su camino. Le dice ¡apártate de mí, Satanas, pero le mantiene a su lado...!
3.- Revelación más honda, verdadero seguimiento (8, 34-25)
Jesús llamó a sus discípulos (1, 18-22; 3, 13-19; 6, 6b-13). Ahora profundiza la llamada: ¡Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo...! (8, 34).
Estas palabras reflejan la experiencia primordial del Cristo que entrega la vida para construir el reino. Aisladas del contexto, ellas pueden parecer un canto al sufrimiento: entrega masoquista, destrucción de la persona. Dentro de Mc ellas expresan la exigencia y sentido de la entrega de la vida, para el surgimiento de la nueva casa y comida mesiánica.
El proyecto de Jesús (compartir los panes, construir una familia donde caben todos los humanos...) no se puede conseguir con métodos de magia, imposición o infantilismo. La nueva comunión del pan compartido sólo se construye en actitud de gratuidad activa, con personas dispuestas a entregarse por lograrlo,es decir, a dar su propia vida, a regalarla de un modo generoso, para que así puedan vivir otros:
a: Principio fundamental (8, 34b): Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo... Venir tras Jesús implica tomar su misma cruz y negarse a sí mismo, afirmando desde Dios la vida de los otros. El seguimiento para la pesca (1, 16-20) y comida de bodas o/y reino (2, 13-22) exige una actitud de entrega; el ser-con (cf. 3, 14) se convierte en caminar-con-Jesús hasta la muerte. Jesús ha ofrecido su camino a los discípulos: quiere compartir con ellos su ser y mesianismo14.
b: Aclaración (8, 35): Pues quien pretenda ganar su propia alma ese la pierde... Ganar el alma propia es perderse, perderse por los otros es ganarse en plano de evangelio. Mc identifica causa de Jesús y evangelio, buena nueva de fraternidad universal (de casa y mesa compartida). Jesús mismo es la vida que se entrega por los otros, en esperanza de resurrección.
Estas palabras expresan la paradoja fundamental de la vida cristiana. No son signo de inútil victimismo, ni gesto masoquista de huida de este mundo sino principio y clave de vida compartida: sólo allí donde los humanos superan su egoísmo y deseo de dominio (su violencia), en actitud fuerte de entrega, puede suscitarse la más alta comunión interhumana, la iglesia en la que todos se vinculan.
Los códigos sociales (especialmente el judío antiguo y el cierto tipo de iglesia) suscitaban un espacio de cierta paz grupal, pero sólo lo lograban con violencia exterior (separación de los demás) e interior (imposición de grupo).
Jesús ha superado esas formas de violencia, pero al hacerlo queda en manos de las jerarquías de Israel, amenazadas por su proyecto de gratuidad y palabra compartida.
Jesús no formula una nueva ley de grupo social de limpios y separados de los otros, desde una actitud de poder religioso, como algunos rabinos antiguos y modernos. Tampoco impone por fuerza su proyecto, pues ello rompería la gracia de su reino.
Su mismo ideal (su tarea de Reino) exige que acepte su "muerte" (es decir, su derrota) porque, en un mundo como el nuestro, dominado por la ley de imposición de los violentos, quien pretenda servir a los demás en gratuidad ha de estar dispuesto a morir por ellos.
De este modo ha formulado Mc la novedad permanente de la iglesia, fundada en la muerte del Hijo del humano, superando un judaísmo que sigue a la espera del Cristo de Pedro y un islam que sacraliza la victoria de Mahoma con su retorno a la Meca. Crear comunidad desde la derrota, vincular a los humanos por la entrega de la vida: esa es la novedad de Jesús y de su iglesia según Mc.
Ésta es la conclusión: Marcos ha escrito una Guía de Perdedores mesiánicos... Sólo sabiendo perder (por amor) en la línea de Jesús se puede ganar, puede llegar el Reino de Dios, no el Reino de las intrigas de los hombres.
2. APÉNDICE ERUDITO.
PEDRO SEGÚN MARCOS, UNA TAREA PENDIENTE
Según el evangelio de Marcos, Jesús ha rechazado a Marcos (¡apártate de mí Satanás…!). Por eso, los que se sienten llamados por Jesús para cumplir una tarea especial en la iglesia (como Pedro, como el Papa) harán bien en estudiar el sentido y los rasgos que Pedro ha recibido en el evangelio de Marcos. Así lo presento aquí, en forma de apéndice erudito, sólo para aquellos que tengan un poco más de tiempo, para seguir leyendo el evangelio de Marcos, lleno de cariño crítico hacia Pedro, quien aparece así como símbolo de todos los cristianos.
a. El evangelio de Marcos.
(1) Marcos se opuso a las pretensiones de una iglesia de Jerusalén, centrada en los parientes de Jesús, que seguían considerando a los cristianos como un tipo de judíos, que cumplían de un modo especial las leyes propias de los escribas (cf. Mc 3, 20-31).
(2) Rechazó también una visión sapiencial y moralista del evangelio, como aquella que parece estar al fondo de un parte del libro de los Dichos (Q), que habría concedido menos importancia a la entrega y muerte de Jesús, para fijarse casi sólo en su enseñanza.
(3) Criticó una visión triunfalista de Jesús, «hombre divino», a quien algunos quisieron separar del camino de cruz y de su entrega hasta la muerte. En ese fondo se entienden las palabras de condena tajante de Jesús a Pedro, porque se sitúa (le sitúa) en una línea de triunfo exterior y no de entrega de la vida «Apártate de mí Satanás...» (Mc 8, 27-38).
Marcos supone que la iglesia de Jesús no es una institución dirigida por poderosos y sabios, que se imponen sobre los demás (aunque sea de manera bondadosa), sino lugar donde se expresa la gracia y comunión de Dios, desde los expulsados del sistema social y religioso, una comunión que impulsa a los creyentes a entregar la vida como el Cristo por los otros. En esa línea, Marcos quiso escribir un evangelio: no una carta doctrinal, como las de Pablo, ni un tratado de tipo religioso, como los de Filón de Alejandría, ni un conjunto de sentencias sabias, como las del Q. Por eso escogió la forma narrativa, elaborando un relato teológico-mesiánico, para mostrar que Jesús era Mesías de la cruz y la resurrección. En ese fondo se inscriben y entienden sus referencias a Pedro.
Tan fuerte resulta el impacto de esa negación de Pedro que algunos investigadores afirman que el Jesús de Marcos la ha rechazado para siempre (Cf. R. M. FOWLER, Let the Reader Understand. Reader-Response Criticism and the Gospel of Mark, Fortress, Minneapolis 1991)
A pesar de ello, pienso que podemos y debemos recuperar su figura y función, no sólo apelando a los relatos de su llamada (Mc 1, 16-20; 3, 13-19), sino también a los pasajes donde aparece como destinatario de la promesa del Reino (10, 28, 31) y receptor de los misterios del fin de los tiempos (13, 3-13).
2. Pedro según el evangelio de Marcos:
Pedro garantiza en Mc la continuidad entre el discipulado histórico y la iglesia, cumpliendo una función tensa, multivalente, en la que pueden destacarse estos rasgos, una función que sigue abierto, desde la perspectiva del papado....
(1) Simón (Pedro) forma parte del grupo de los Cuatro discípulos primeros, a los que Jesús confía su tarea escatológica, haciéndoles pescadores de hombres (Mc 1, 16-20). No está sólo en su misión, sino con otros tres (Andres, Santiago y Juan), que con él y como él se ponen al servicio de Jesús, que cambia su nombre (Simón) y le hace Pedro, el Piedra, en palabra irónica y fuerte (cf. Mc 1, 16.29.39): el mismo Simón vacilante podrá ser principio de firmeza para la comunidad del Reino.
(2) Pedro busca a Jesús para que haga milagros en (ante) su casa de Cafarnaún (1, 35-38), queriendo convertirle así en un tipo de curandero doméstico, al servicio de sus intereses.
(3) Pedro está en la cabeza del grupo de los Doce (3, 13-19; cf. 6, 1-13), a los que Jesús confía la tarea de expulsar demonios y anunciar el Reino.
(4) Pedro confiesa a Jesús como Cristo (8, 29), pero no quiere aceptarle como Hijo del hombre que entrega la vida, de manera que se vuelve Satán, tentador mesiánico (8, 32-33). Precisamente ahí, en el cruce entre los que buscan al Cristo glorioso israelita (¿algunos judeocristianos?) y los que asumen el camino de cruz se sitúa Pedro según Marcos.
(5) Pedro mantiene la misma postura en la Transfiguración: quiere quedar en la pascua (la gloria) de Jesús sin pasar por la entrega de la vida, sin aceptar su muerte. Jesús le contesta diciendo que no sabe lo que dice (9, 5-6), que no conoce el verdadero camino del Reino.
(6) Sin embargo, Pedro dice que ha dejado todo por seguir a Jesús (10, 28; cf. 1, 16-20), haciéndose representante de aquellos que han entregado su vida por el evangelio.
(7) Este es el Pedro que descubre que la higuera de Israel está seca (11, 21); por eso debería ser el primero en sacar las consecuencias, iniciando un camino universal de evangelio, pero no lo hace.
(8) Pedro es uno de los Tres iluminados (con Juan y Andrés: cf. 13, 3) a los que Jesús revela las claves de la experiencia escatológica de la iglesia.
(9) Pedro promete fidelidad mayor a Jesús, pero después le niega con más fuerza (cf. 14, 28-30). Su negación (14, 66-72) constituye el reverso de la fidelidad de Jesús, que mantiene su confesión mesiánica.
(10) Sin embargo, la misma negación de Pedro incluye su arrepentimiento, expresado como llanto, que debe entenderse sin duda en un contexto pascual (al segundo gallo: 14, 72).
(11) Finalmente, el joven de la pascua pide a las mujeres que digan a los discípulos y a Pedro que Jesús resucitado les precede en Galilea: ¡Allí le veréis! (16, 7). Pedro aparece en todo esto como un hombre en camino.
3. El final enigmático de Marcos
En ese contexto ha de entenderse el final enigmático de Marcos (16, 1-8). Llenas de miedo, las mujeres buscan un cuerpo que no puede encontrarse, pues el sepulcro donde han querido encerrarle está vacío, mientras Pedro sigue perdido en algún lugar que no se indica, como si aún no hubiera cumplido su tarea. Pues bien, el ángel de la pascua encomienda a las mujeres «que vayan y digan a los discípulos y a Pedro que Jesús les precede en Galilea, que allí le encontrarán» (16, 7).
El evangelista añade que no fueron, que no han ido todavía, mostrando que el evangelio no ha llegado a su meta pascual y que Pedro no se ha situado aún en el buen lugar para cumplir la palabra de Jesús, poniendo en marcha la auténtica iglesia, con los discípulos y las mujeres (16, 8). Así acaba el evangelio, de una forma abierta, como indicando que Pedro no ha cumplido aún su misión, no ha culminado su tarea: estar con los discípulos y escuchar a las mujeres para encontrar a un Jesús que ha dado la vida y ha muerto por el Reino.
E como si el Papa (Pedro) no hubiera cumplido aún la tarea que le encomendó Jesús. Por eso, las mujeres tienen que ofrecer su testimonio de fe a Pedro y al resto de los discípulos (16, 1-8).
Muchos de nosotros, asumiendo la tarea de aquellas mujeres, seguimos pensando que aquel que se dice sucesor de Pedro (¡el Papa y su entorno!) tiene que dejar la Roma actual, con los poderes cumulativos del papado, y volver a «Galilea» (al principio del mensaje y de la vida de Jesús), para iniciar el camino de evangelio, en este nuevo tiempo de la Pascua, asumiendo de es forma la entrega de Jesús, su muerte mesiánica.
4. Una tarea, Pedro, el Papa
Pedro tiene que invertir tendencia (representar a un Jesús triunfador: Mc 8, 32) y escuchar a las mujeres, testigos de la pascua del crucificado (=ton estaurômenon: 16, 6), para fundar con él (con Jesús) la iglesia de los crucificados y expulsados, en comunión con ellas (las mujeres), desde Galilea (lugar del mensaje). Conforme a la visión de Marcos, la tarea de Pedro sigue aún pendiente: tiene que escuchar la voz de las mujeres y aceptar el camino de renuncia y fidelidad de Jesús, para compartir la experiencia pascual que han iniciado (hoy como entonces) otros grupos de cristianos. Sólo de esa forma, si sale de su miedo y su deseo de poder, volviendo a iniciar el camino del mensaje en Galilea, escuchando a las mujeres, Pedro podrá cumplir su misión. Será difícil encontrar una imagen más bella y urgente para la tarea y misión del papado en el momento actual.