El radicalismo del seguimiento del Evangelio: de Cristo.

Lucas 12, 49-53.



Hoy se nos muestra lo exigente y radical del Evangelio, del seguimiento de Cristo. El que sigue a Cristo ha de saber que su compromiso cristiano no puede ser tibio ni mediocre y debe recordar: "Ya sé lo que vales; no eres ni frío ni caliente ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca"
(Apocalipsis 3, 15-16).
"Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga.En efecto, el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por cusa mía,la asegurará"
(Lucas, 9,23-24). "Todo el que pone la mano al arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios" (Lucas 10,62).
"Quien no está conmigo, está contra mí, y quien no junta conmigo, desparrama" (Lucas 11,23).
"Si alguno quiere venir a mí y no deja a un lado a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y aun a su propia persona, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz para seguirme, no puede ser mi discípulo... Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío"
(Lucas 14,26-27.33.).
"Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dios dinero"
(Lucas 16,13).
"El que trata de salvar su vida la perderá; en cambio el que la sacrifica la hace renacer para la vida eterna"
(Lucas 17 33).
"Todavía te falta algo: vende todo lo que tienes , reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después ven y sígueme"
(Lucas 18, 22).
"Pero, antes de eso, a ustedes lo tomarán presos, y los perseguirán: los entregarán a los tribunales judíos y los llevarán a las cárceles; los harán comparecer ante los reyes y gobernadores porque llevan mi Nombre. Esta será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí" (Lucas 21,12-13).



En todas estas citas evangélicas, y es en este contexto, que podremos entender el radicalismo de ser cristiano: seguidor de Cristo.
Este Evangelio que nos conduce al amor verdadero, a la justicia y paz, es exigente:"Vine a traer fuego a la tierra", "he venido a prender fuego en el mundo... ¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra?. Les digo que no, sino la división... en adelante,en una casa de cinco personas habrá división... etc." La paz de Cristo supone pasar por el conflicto de la vida, y esto se debe porque hay actitudes injustas de los hombres; porque el pecado está más o menos incrustado en la sociedad. Y el conflicto y la división es causado por el encuentro entre la Palabra y la ambigüedad del mundo.La Palabra será siempre signo de contradicción y levantará oposición. Esto tiene que tomarlo en serio el discípulo de Cristo.
El cristiano no puede omitirse ante el conflicto; debe asumir los conflictos de la vida.
El futuro santo chileno, Obispo de los pobres, Don Enrique Alvear, nos enseñó que era una mentira no asumir el conflicto de la vida. Nos decía que asumirlo era pedagógico, liberador, que nos hacía crecer. Nos mostraba a la persona de Cristo: Él por amor, por justicia, por la paz; por la liberación y salvación asumió el conflicto de la humanidad; se lo echó encima, tomó la cruz del mundo, la puso sobre sus hombros y se encaminó al monte del calvario.Allí, como lo hacía desde el comienzo de su vía crucis,no se quedó en lo mínimo; se dio entero; entregó su vida; murió por nosotros, y"no hay amor más grande que dar la vida por los que se ama".Jesús no se escabulló ante el conflicto; no pasó de largo, como el sacerdote y el levita, ante la humanidad "a la vera del camino".Cristo y su amor hasta el extremo, pasa a ser la medida verdadera del compromiso radical del cristiano. El discípulo de Cristo no puede ser un tibio o mediocre ante la ambigüedad de la vida actual.



Ser de Cristo exige ser definido, porque la división entre la Palabra y el
pecado atraviesa el corazón de cada hombre y mujer, de cada familia, de cada ideología y tipo de sociedad.Esta división aparece cada día, surge de diversas maneras, y pone en cuestionamiento nuestra opción por Cristo.Y esto sucede siempre en un mundo donde crece el trigo junto con la cizaña.En esto, el cristiano, el que es de Cristo, no puede quedarse en un hipócrata justo medio , haciendo una componenda entre el Evangelio y el mundo, en un falso ideal de "estar bien con todos", como se dice: "estar bien con Dios y con el Demonio". Eso es no ser de Cristo. La vida siempre nos llevará a definirnos y a asumir el radicalismo del compromiso cristiano con todas sus consecuencias. Se trata de asumir el conflicto de la vida a la manera de Cristo: hasta el extremo.
La Palabra, Jesús, es exigente porque es radical. Exige la conversión a Dios, un cambio de vida y actitudes morales y religiosas desde la raíz misma,poniendo en el tapete de la vida a la Palabra como el único absoluto.
El ser radical ante el conflicto nace de las exigencias del Evangelio,
también de carácter absolutos.
Se trata de definirse: con Jesús o contra Jesús: "Quien no está conmigo, está contra mí, y quien no junta conmigo, desparrama".El que es de Cristo debe ser "sal del mundo", si no, sólo servimos para ser echados fuera:"No sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente". (Mateo 5, 13).

Los miembros de la Iglesia en un tiempo de crisis y de credibilidad en ella,no pueden ser "medias tintas". Repito: Deben definirse por Cristo. No pueden, en circunstancias tan cruciales, y nunca, tratar por comodidad y mediocridad,menos por temor,ni por buscar "estar bien con todos". ¡Eso no resulta con Cristo! Esto lo digo, porque he tenido la experiencia y he sido testigo de las debilidades de hombres y mujeres de Iglesia: sacerdotes y laicos, que tratando de "estar bien con todos" traicionan la amistad a la manera de Judas: una mujer por quedar bien con su párroco, traicionó al sacerdote que la acompañaba en el seguimiento de Cristo desde su juventud; por la misma razón, niegan a Jesús como Pedro, en algún sacerdote, que es fiel a Cristo, cumpliendo su voluntad, a veces expresada en un compromiso por una Iglesia del Vaticano II y de los pobres, y en una Iglesia de Conferencias Episcopales Latinoamericanas. He visto, en ese sacerdote, a Cristo en su oración de vigilia en Getsemaní, abordando lo que viene detrás de esas mediocridades, mentiras y traiciones de sus hermanos y amigos.He visto en él, a Cristo con pavor,y sudando:
"Si es posible, aparta de mí este cáliz". A veces, como Jesús, entiende en la oración del "getsemaní propio", que está llegando la "hora". Pero, he visto en él, un gesto de un paso decisivo que significa compromiso total, mientras cierta Iglesia centrada en sí misma, puertas adentro, sin misión,incluido hermanos: sacerdotes y laicos, y en algunos lugares y ocasiones, he visto a algún Obispo o a su Representante o Vicario, acomodados, sin voluntad de definirse; están adormecidos o "lavándose las manos".Y lo que es peor, porfiando en contra de la ley del amor del Evangelio.
Lo denuncio: así ha pasado y sigue pasando. Pero también anuncio que he visto, en esas circunstancias, en el sacerdote sufriente, a Jesús en una oración de vigilia, encontrando en el Padre, las energías para pronunciar el "Si" al compromiso. Anuncio la oración de vigilia y de abandono al Padre. La oración de vigilia es abordar lo que viene.Un compromiso y una misión se asume después de un lucha interior.El hombre del pasado desea continuar. El hombre del futuro busca respuestas. Existe una lucha interior y en Jesús la mayor expresión está en su oración de Getsemaní. A pesar de comprender, el dolor y la soledad humana de Cristo en ese momento, lo anuncio como Palabra de respuesta y de liberación. Y convoco, a todos los que pasen por lo que Jesús pasó, a vivir esa experiencia de oración de vigilia: "El Padre siempre está conmigo"- "Busca hacer su voluntad"."Permanece en el Padre y el Padre en tí". Es una oración de vida dirigida al Padre, como la fue la de Cristo:
"Por Él, con Él y en Él, a Ti Dios Padre Todopoderoso".



El radicalismo del discípulo de Cristo, a veces, sin buscarlo,lo lleva a momentos de tensiones, dolores desde el interior mismo. Todo es consecuencia de la reacción que causa su fidelidad al Evangelio, vivida en medio de la sociedad. Si Jesús mismo fue objeto de odio y de división y de contradicción, a pesar de su Evangelio de amor y de reconciliación. Esto fue profetizado por Simeón a María:
"Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente... . Será puesto como una señal que muchos rechazarán y a ti misma una espada te atravesará el alma".

(Lucas 2,34-35).

Y citemos a Juan 9,39: "He venido a este mundo para iniciar una crisis: los que no ven, verán, y los que ven, van a quedar ciegos". Ese es el "fuego" que Jesús trae a la tierra. Esa es la "división", en lugar de la paz, porque Cristo será rechazado y será signo de contradicción.Es el fuego que purifica, que quema todo lo viejo, que da calor y fomenta la vida. Porque Jesús no vino a resolver problemas personales en forma egoísta, sino para rehacer el mundo. Los que pretenden participar de la gloria del Padre, como Jesús, deben tomar compromiso en esa obra de salvación que abarca las sociedades y el mundo entero con sus violencias, tensiones y obras sabias y también locas (ruego una oración por la locura que está sucediendo en Egipto).

Muchas veces se ha querido hacer de la religión la base de una unidad nacional o de una paz familiar.Es cierto que la fe conduce a la paz; pero también es motivo de separación, para el que vive en la verdad, de todos aquellos: amigos o hermanos suyos que no quieren o no pueden compartirla. Eso produce heridas que, muchas veces , se transforman en persecución en contra de un definido discípulo de Cristo. Es que el Evangelio desenmascara lo que estaba escondido en los corazones, poniendo de manifiesto la mentira y la violencia que mueve a una minoría que quiere dominar a una mayoría. De hecho, yo creo, que hay unos poderosos, que se han hecho dueños de los pueblos, simulando con falsedad instituciones y leyes opresoras, que hacen que la mayoría esté sometida a ellos con una mentirosa e ilegítima institucionalidad; ellos mueven los hilos de un país, haciendo, poco menos, a los demás como títeres, que no tienen canales de participación ciudadana y soberana.Eso no es de Jesús. Y el que es de Jesús, levantará, con su compromiso evangélico, oposición y división. Eso sucedió con Jesús, y "el discípulo no puede ser más que el Maestro".



"¡Feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo! (Mateo 11,6).





Chile, agosto 16 de 2013.



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